Crackertime

—¡Oi!, ¡Victor!

Una mano levemente bronceada pasó como una brisa sobre la cara de Victor Penz, estampándose suavemente sobre la misma con afán de molestar.

La pequeña interacción fue lo suficientemente notable para provocar una reacción en el sujeto, quién rápida, e interrumpidamente, se levantó como un rayo.

Sus instintos lo pusieron en alerta de inmediato. El fulgor solar le dio en su vista en el preciso momento, el único obstáculo que no dejó que la cosa pudiese haber salido peor.

Volteó su cabeza en un ángulo hacia la izquierda, solo para cambiar completamente su expresión y fruncir completamente el ceño.

—Hijo de puta.

En respuesta, una tenue carcajada salió del hombre a su lado.

—Ah, disculpa. Es que parecías un oso y nada estaba funcionando. Tuve que optar por darte en donde más te duele, heh.

En el asiento de conductor, el Agente Mike Patterson había estado conduciendo por buena parte de la madrugada. Tenía ojos entrecerrados y llenos de vasos dilatados, aunque su actitud dijera algo completamente contrario.

Víctor no pensó dos veces y golpeó lo suficientemente fuerte a su compañero en el brazo. El receptor retrocedió.

—Mkay', la idea sonó mucho mejor en mi cabeza… Lo siento.

—Agh, como sea. —Dijo tapándose la vista junto a un quejido— ¿Ya estamos?

—Sep.

Ambos hombres bajaron del vehículo dejando las puertas entreabiertas. Se reunieron en la parte de adelante del parqueadero para visibilizar mejor su entorno.

Afuera, un caserío, varios autos más y una gasolinera, que sin embargo, eran edificaciones con una arquitectura rústica y agradable para la vista. Pero todo esto estaba de más, nada de los límites del poblado se alzaban exuberantes pinos con pocos metros de altura, acompañados de un pasto fresco y suave al tacto, con un cálido color lima.

—Entonces…

—¿Sí?

—…¿Por donde quieres empezar?

—Mmmm… ¿No te parecería mejor si primero revisamos que tenemos para pasar el día?

—Sólo si nos vamos de una vez a desayunar cuando terminemos.

—Te va a tocar esperarte un rato, que puse ahí bastantes cosas sin contar todo lo de pesca —Dijo Penz de forma altanera, todavía algo molesto.

—Por eso. He estado manejando desde las dos de la mañana, estoy que me como un caballo.

—Sí, bueno. Aguantá.

El rubio se dirigió de golpe hacia el baúl del auto, abriéndolo cuidadosamente mientras le hacía unas señas al australiano. Mike quedó mirando hacia el contrario por un instante, como si algunas palabras quisiesen brotar desde sus labios ante su reacción. Resopló bajando su cabeza para acercarse.

Frente suyo, había una buena cantidad de bolsas y estuches con diferentes tamaños. Muchas de estas consistían meramente en artilugios de pesca, bolsas con anzuelos y poco más. El resto de cosas no destacaban más allá de ropa para ambos climas caluroso y helado, de los cuales el lugar rotaba bastante, incluso en pleno enero.

—Veamos.

Patterson tomó una de las maletas más grandes y puso sus manos dentro de la misma.

—Te pedí que me dieras una mano con algunos reels de baitcasting en Buenos Aires. ¿Cómo te fue?

Por su parte, Víctor tomó una caja bastante recubierta en el exterior, abriéndola cuidadosamente rompiendo la cinta con sus uñas.

—Dos Abu Garcia. No te puedo decir que sean de lo mejor, pero si que me costaron un huevo —dijo mientras sacaba ambos carretes para darle uno a Patterson.

—Tomó el aparato y contempló delicadamente sus componentes y diseño —Bastante resistente el modelo… Para lo que podemos encontrar por acá, supongo que servirá, y muy bien.

Nuevamente, puso el carrete en su caja y se retiró a buscar en otro lado del baúl. Luego de un par de minutos, sacó una bolsa repleta de varios anélidos. Todos lo suficientemente frescos y en buen estado.

—Estuve criando algunas californianas en mi terrario para ayudarme con humus para algo en lo que estuve trabajando hace algunos meses. Hubo bastantes de sobra, y no podía negarme a ahorrarme algunos gastos.

Ya habiendo puesto todos los objetos mencionados en una esquina para su reconocimiento, no les quedó más que descartar que más faltaba para pasar el resto del día. Entre lo que estaba, terminaron ambos encontrando dos pequeños maletines más al fondo.

—Oh.

—¿Deberíamos? —dijo centrando su vista en los verdes ojos del argentino.

—Por más que estemos de vacas seguimos siendo agentes.

—Igual no sé si nos sirva de algo con lo profundo que puede llegar a ser el lago.

—Uno nunca sabe. —dijo sacando uno de los maletines para ponerlo en su equipamiento. —No está de más igual, no es como que las fuésemos a tener ahí de bonitas.

Buen punto.


El azul del cielo se manifestaba como un brillante espejo en la superficie del agua. Era lo suficientemente cristalina para observar todo el panorama interior de sus profundidades.

Y los agentes, acomodados a mitad de una pequeña lancha, no muy lejos de la costa del pueblo al que habían arribado, San José del Nahuel. Cada uno observaba el hacia su lado correspondiente del vehículo, perdidos entre las olas y el movimiento de los anzuelos.

Un silencio tranquilo había permanecido casi ininterrumpido desde el inicio, o al menos, hasta ese preciso momento.

—Vic.

—¿Qué? —exclamó en una pequeña sorpresa.

—¿Cómo van las cosas?, hace mucho que no nos hablamos tan seguido.

—Ah, pues. Bien, supongo.

—Mhm. ¿Nada nuevo?

Pero Penz tardó en reaccionar. Su mirada se enfocaba más hacia las montañas en el horizonte.

—¿Estás… Molesto conmigo?

—No. O bueno, un poco por lo de la despertada, pero no tiene nada que ver, al menos no contigo.

—Huh.

—Es que… Hace una semana estuve hablando con Steffano luego de una misión que tuvimos en Chicago.

Inclinó su cabeza hacia las aguas e intentó volver a perderse, para luego inhalar profundamente.

—Se va a retirar, Mike.

—Oh.

—Y ya sabés lo que eso significa. Toda esa mierda que se me va a ir encima. Y aunque ya es algo que supiera desde hace años, aún no lo logro digerir.

Mike tomó el carrete de su caña y comenzó a halarla, todo esto mientras cambiaba de vista a su amigo.

—Viendo como tienes los brazos ya podía ver que algo estaba pasando. Pensaba que ya habías dejado ese vicio.

—Va y viene —Penz vio a sus brazos, llenos de pequeñas cicatrices y unas pocas heridas aún sin sanar bien— Me siento perdido.

El contrario prefirió no decir nada para seguir escuchando a Víctor.

—Porque, sí. A este punto estoy lo suficientemente capacitado para poder dirigir mi propio equipo. No por nada estoy donde estoy, o por qué él me eligió a mi. Soy consciente de ello. Es solo que no sé como serán las cosas sin el, tengo miedo de qué pueda pasar.

Ya teniendo suficiente de él, Patterson se acomodó al lado del mismo, conservando una mirada serena fijada en él.

—Steffano ya es un señor en toda la palabra. Tanto a ti como a mí nos ha enseñado de todo y ha estado ahí para todo aquello que necesitase ayuda. Esa siempre ha sido su esencia. Pero viendo las cosas como son, siempre tuvo un claro favoritismo por ti en muchas cosas. Te llevó a ser quién eres a día de hoy, y lo sabes.

Victor realzó su cabeza para voltear tímidamente a su compañero.

—No puedo decirte mucho más que… Deja que las cosas fluyan. Eres un gran hombre al cual le han confiado una gran responsabilidad, y qué se te haya dado esa opción, ya dice muchas cosas.

Mike se levantó y tomo su mochila, para encontrarse con un obsequio, el cual confió con ambas manos en frente de Victor.

—Además, estamos pescando. Este es nuestro presente, y estás aquí para sacar al Leviatán y aterrorizar al reino de Poseidón — Inmediatamente soltó el objeto en manos de Penz, mostrándose este último con sus mejillas alzándose en una pequeña sonrisa.

—"I am the harbinger of the great flood, The terror of Neptune's domains, the butcher, the harvester. And today, bloodshed is my only friend" —leyó Víctor en voz alta en idioma inglés mientras su risa era cada vez más marcada y difícil de ocultar—

—¡Ah!, ¡no iba a ponerme a improvisar toda esa cosa!

Víctor volvió a su típico silencio a pesar de lo exclamado por Mike, pero su expresión no había sido la misma desde entonces.


No mucho había pasado desde la pequeña charla, la calma en la superficie del agua no había cambiado en lo absoluto. La tranquilidad del viento y el sonido de las olas era lo único que daba ambiente alguno al lugar.

Los anzuelos aún seguían intactos. Incluso si antes intentaron usando contrapesos para alcanzar una mayor profundidad, no parecía haber mucho que quisiera picar, salvo cardúmenes de pequeños renacuajos y algún zapatero por ahí.

Sin embargo, el agente Patterson comenzó a sentir algo extraño en su caña. Una extraña vibración que tensaba el paso entre el artefacto y sus manos.

Esta sensación, solo pareció intensificarse con el tiempo, lo suficiente como para hacerlo estremecer y que el carrete rodase salvajemente y la caña se tensionase.

—¡Uno!, ¡Tengo uno!

Dicho esto, los presentes en el bote estremecieron con la fuerza de la criatura que osaba morder el hierro. Aunque Mike ya tuviera experiencia pescando en cuerpos de agua dulce, la profesionalidad que requería este tipo de cañas era notable, y eran sumamente difíciles de acostumbrarse.

Por la fuerza ejercida, debía de ser un animal relativamente grande, no demasiado al ser un lago con especies relativamente pequeñas, pero lo suficiente para oponer gran resistencia ante la halada de la caña.

Fueron varios minutos los que tomó el proceso, uno bastante agotador, pero que al final, terminaría siendo por lo menos fructífero para la experiencia.

Pronto, la fuerza del osteíctio fue atenuándose más y más, relajando las manos y acomodándose en una posición más cómoda mientras observaba como algo se acercaba desde lo profundo.

Un chapuzón, y el pez estaba finalmente en sus manos.

—Hmph, un salmón —comentó el australiano a su compañero en un tono curioso.

—Tiene cara de trucha, pero no logro identificarle bien.

—Bueno, por el color no puede ser una arcoíris eso sí. Además de que está más rechoncha y no es tan larga como esas.

—¿Trucha de arroyo?, he visto que son bastante comunes por estos lados de la Patagonia.

—Sea lo que sea, coge la cámara.

*Click*

Y después de una corta sesión, tomó al pez para delicadamente dejarlo ir de vuelta a su hábitat. En el transcurso, lo vieron hasta que se perdió entre la oscuridad de lo profundo.

Una vez acabado, ambos volvieron a sentarse, decidiéndose a despejarse un poco.

—Bueno, ahí fue el primero.

—No sé sí tengo mala suerte o es que no están saliendo casi peces que se puedan atrapar, si estamos bien cerca de la costa.

—Por estos lados no creo que vayamos a encontrar mucho, hay muchos pececitos pero son iguales a una moneda, no lo vale.

Patterson volvió por un momento a la nada por un poco más, pero rápidamente reaccionando como si algo hubiese entrado en su mente.

—Aprovechando esto, quería contarte otra cosa.

—Decime

—Voy a irme a vivir una temporada a UK.

—Uhm, ¿Y eso?

—Bueno, son varias cosas que tengo que hacer por allá, pero es más que todo porque estuve colaborando con un Sitio en Inglaterra para la investigación de… Unas cosas raras.

—¿Qué cosas?

—Creo que por ahora no me dejan revelar mucho de la investigación, aunque de todas formas, ni yo sabría decirte. Lo que si es que son como animales, o algo así.

—Está bien, supongo. Yo igual voy a estar por allá, de hecho.

—Uy —dijo mientras un gallo se manifestaba en su pronunciación—, ¿Donde?

—Sitio-44, en Essex. Me imagino que ya has escuchado de el.

—¡Claro!, el de Criptozoología. No voy a estar allá mucho porque estaré principalmente en el 12, que queda en Dartmoor, pero si te digo de antemano que la investigación es conjunta con el 44. Podríamos vernos en algún momento.

—Bien, es una buena señal. Si no estamos muy ocupados podríamos ir viendo a donde vamos la próxima… Qué ya sabés donde toca.

—Nessie, o nada…

En reacción a la jocosa charla, ambos echaron a reírse por un momento, teniendo una de esas carcajadas que son difíciles de detener incluso dejando de pensar en aquello que la originó en primer lugar. Fue atenuándose con el tiempo hasta que se calmaron y retomaron el norte.

—Hablando del Ness… Che, ¿Alguna vez te dije sobre el Nahuelito?

—Miró hacia su lado en ceño extrañado— ¿El abuelito?

—No —dijo riéndose un poco—, Nahuelito, o sea, como el lago este.

—Que yo sepa… Tú no, pero si he lo he escuchado de antes. ¿Es otra de esas Nessie baratos?

—Tiene raíces en las leyendas mapuches, pero sí, algo así.

—Ah, entonces no le he prestado mucha atención. Cuéntame pues.

—No es un dinosaurio pero si lo han retratado como una serpiente, aunque igual he visto gente que lo compara con los cueros.

—Levantó el ceño con intriga, exagerando su expresión anterior.— ¿Ah?, ya me compraste, ese si es un giro inesperado.

—No lo ven muy seguido, pero ahí está. Un dato para vos que sos el que busca esas cosas.

—¿Y ya?

—Seh, no es que hayan muchas historias, es otro de esos monstruos que-

Mike dejó de prestarle atención a Víctor en ese momento, mirando hacia la costa. A un punto específico en el muelle del pueblo.

—…¿Qué?

—Espera —interrumpió Mike antes de que pudiera decir otra cosa— Ven para mi lado.

Mike accedió y se levantó de su lugar para ponerse junto a Penz.

—¿Ves a ese niño?

—Uhm, Sí —dijo mientras forzaba un poco su visión a la lejanía, observando a un niño de no más de 10 años agachado en frente del agua. —¿Qué con eso?

—Ahora mira, en el agua.

Cuando Víctor volvió a revisar, tardó varios segundos en darse cuenta, pero pudo verlo. Su expresión no cambió en lo absoluto.

—No entiendo.

Habían al menos unas 5 cabezas de pez asomándose por encima del agua en dirección al mismo infante, que sin importar que estos estuviesen quietos en el mismo lugar, aún parecían moverse sin dificultades y sin signos de ahogamiento alguno.

—Le está hablando a los peces.

—¿Y?, normal, es un pibe.

—Si, ¿pero no ves que también están moviendo ellos la boca?

—Normal, todos boquean, y bastante si están fuera del agua… A todo esto, ¿Por qué te interesa tanto?, sos el biólogo acá.

—Si pero… ¡Bah!, escúchame por un momento al menos.

—¿Cuál es tu punto, entonces?

—A ver. Lo que quiero decir, es que escucho algo. Es como… Un murmullo.

—¿Eh?

—… Acerquémonos un poco, ¿Quieres?

Víctor se levantó hacia el área de locomoción del vehículo, mirando con reojo a Patterson de todas formas. No pasó un minuto antes de que pudiese encender discretamente la maquinaria del motor y tomar el mando del mismo. Poco después, pararon en seco.

—¿Ahora sí lo escuchas?

—Mm, murmullos, nada más.

—Pero, a los peces me refiero.

—No lo logro distinguir.

—Vamos más adelante.

No pasó mucho para que volviesen a arrancar hacia delante. En la cercanía, a unos 50 metros del muelle, los murmullos se hacían más fuertes, ahora incluso convirtiéndose en palabras.

Los 5 animales de la zona eran todos de distintas especies, uno en específico siendo más pequeño y colorido que el resto. Movían sus bocas en formas que otros peces no lo harían, en unísono, pronunciando palabras en un marcado acento oriundo de la Patagonia.

No podían distinguir del todo bien que era aquello a lo que se referían, pero se ejercía en un tono jovial y movido, como si estuviesen cantándole al niño, mientras este se reía y jugaba metiendo la mano en el agua para acariciarlos o dar varios chapuzones.

Este fenómeno dejó estáticas las expresiones de ambos agentes. No habían palabras para intentar sacar alguna conclusión de lo que sea que estuviesen viendo. Solo siguieron observando.


El motor de la lancha dejó su retumbar apenas tocó la madera del muelle. El dúo en la máquina no pareció reaccionar del todo ante el cese y permanecieron en sus lugares.

Patterson rompió la helada que azotaba el lugar.

—Bueno, —su tono se agravó en un instante— ¿Qué mierda?.

—Yo…

Mike miró fijamente a Penz.

—No sé ni en qué pensar. Es hasta chistoso si lo piensas —dijo haciendo un gesto cómico en el proceso.

—Ya lo creo —dijo haciendo una mueca mucho más neutral— Tan surreal que ni me deja sacar una buena conclusión.

—Ajá. Penz notó el tono con el que el contrario hablaba— ¿Pasa Algo?

Patterson bajó su cabeza y echó un jadeo ante la pregunta.

—No te voy a mentir, me emociona que ocurran este tipo de cosas, y más aún me da mucha curiosidad, pero es que… ¿Justo ahora?, quería descansar un poco del asunto de agente y más ahora que estoy compartiendo contigo. Me molesta un poco.

—No es como si tuviéramos más opciones. O sea, sí o sí tenemos que reportar la anomalía al menos.

—Sí, lo sé. Sólo quería quejarme un poco de eso.

—Ya veremos qué hacemos, pues. No te preocupes.

Finalmente Victor decidió a levantarse de su lugar, le da unas palmadas en la espalda a su amigo y pone uno de sus pies en el muelle.

—Vamos yendo, ya casi es la una.

—¿Te parece si lo hablamos mientras almorzamos? —Dijo también levantándose.

—Seguro.


Acá Penz y Mike se bajaron de la lancha y están en la costa, mike se enoja un poco por esto, pero van a almorzar para relajarse un poco y procesar que fue lo que vieron. Luego, al salir, se ponen a buscar pistas al respecto, y ven al niño, con el que hablan y le preguntan que era lo que había hecho, pero este no pareció responderles del todo claro. Luego continúan entrevistando preguntándole a varios trabajadores del muelle, hasta que interactúan con un pescador de ahí que afirma saber sobre eso. Les cuenta que es el nahuelito y todo, pero no va a ayudarlos a avistarlo porque es mejor no molestarlo, prefiriendo darles algunos consejos que toman, y completar su plan de acción.

Luego de esto, se ponen a revisar todo lo que trajeron, el equipamiento de pesca, la ropa y dos armas de defensa personal cada uno. Luego hacemos flashback a cuando ya tienen una lancha y se ponen a pescar hasta el medio día. Charlan un poco acerca de la vida mientras se van haciendo más abiertos (penz de tanto ser insistido con Patterson le revela que Steffano le dejó el liderazgo de SHRP para finalmente retirarse. hablan un poco de eso y luego Mike parece pescar su primer pez, y luego como para seguir una conversación viene con su idea de viajar hasta Escocia por un proyecto en el que ha estado metido recientemente, pero luego Penz recuerda lo del nahuelito y le cuenta sobre eso) entre los dos. Aunque cuando regresan a almorzar al puerto, ven a un niño hablándole a un pez y se alertan. Luego en la tarde piden info respecto a lo que vieron a gente que estaba cerca de la playa pero parecen darles respuestas poco conclusivas, por lo que se ponen a investigar durante la noche y la mañana, rozándose más de una vez con la actividad anómala del lago. Finalmente, un día después, llegan a la conclusión de que este puede ser el verdadero nahuelito de las leyendas, yéndolo a buscar de nuevo para atraerlo a un punto específico mientras contactan a la Fundación. Sin embargo, sale mal y terminan en una persecución en la que por poco se chocan contra el muelle más grande de la villa, pero terminan volcando la lancha y cayéndose al agua, mientras que el mostro termina encayado en la playa, alertando a la comunidad, y con los dos desesperándose para llamar a la scp lo antes posible.

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