EdC Nogare
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“¡Por fin, por fin lo había conseguido!”, se exclamó Karreg en medio de una ciudad francesa. Después de tantos años escondiéndose de organizaciones que querían hacer desaparecer todo lo que no entendían, por fin la piedra estaba libre de esas preocupaciones.

Aprovechó las primeras horas de la mañana, cuando nadie lo estaba mirando, para maravillarse de las luces de las lámparas de la calle, además de mirar curioso a las pocas personas que salían apresuradamente de sus casas para ir al trabajo.

La vida de los humanos le parecía rara, pero fascinante y muy distinta a como la recordaba. Desde los enormes edificios que le recordaban a los nidos de hormigas, hasta el funcionamiento de los coches que le parecían cajas metálicas que toman vida cuando alguien se sienta sobre ella.

Todo eso era sorprendente para Karreg, quien se habría imaginado que una especie como la de los humanos, después de tanto tiempo, acabaría llegando tan lejos.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó Paul.

En ese momento Karreg se sorprendió, se había olvidado el problema de su contrato para la posesión de cuerpos, ahora la conciencia de Paul debía convivir con él.

—¿No se ve? —Le comento Karreg. —Estoy disfrutando de por fin poder andar libremente de nuevo.

Al oír eso, Paul no pudo aguantarse una risa antes de responderle:

—¿Libre? ¿Vestido con la ropa de agente de la COG en medio de la calle? No tardarás en ser encontrado.

Karreg entendió rápidamente de que se burlaba Paul, la ropa que llevaba era de una milicia humana, y no podía pasearse sin levantar sospechas.

Entonces miró a su alrededor, hasta que encontró el escaparate de una tienda de ropa. Su siguiente paso fue acercarse hasta el escaparate, al estar delante de él, el cristal se agrietó hasta que una parte de este se rompió por sí solo. Paul se esperaba que la alarma sonará, pero nada pasó, lo que lo sorprendió. Karreg cogió el maniquí que se encontraba delante de él. Antes de irse, el escaparate se reconstruyó, dejando ninguna huella de su camino.

Entonces llevó el pesado maniquí a un callejón más discreto en el cual pudo vestirse con la ropa que portaba. El cual finalmente decidió dejarlo escondido en un contenedor.

—¡Ya está! —Se exclamó Karreg, por fin podía estar tranquilo.

De repente, se volvió a fijar en el escaparate que había cogido el maniquí, ahí vio a dos hombres vestidos de un azul marino que tenía escrito en la espalda “police”, los cuales estaban revisando al maniquí faltante.

—¿Quiénes son?, y ¿Cómo es que ya están aquí? —Le preguntó Karreg a Paul confuso. Antes de empezar a adentrarse en el callejón por el que había venido.

—Parece que son la policía nacional. —Comentó Paul. —Te dije que no iba a ser tan fácil.

—¡Arriba las manos! —Dijo una voz detrás de Karreg.

Otro miembro de la policía apareció detrás de él con su arma apuntando la cabeza de Karreg.

—¿Quién eres? —le preguntó el policía.

—Yo soy solo un simple paseante… —Intentó explicarse Karreg en lo cual el policía lo interrumpió.

—¿A estas horas? ¿Aquí? Enséñame tus papeles.

—¿Qué? —dijo Karreg confundido.

En ese momento el policía bajo la guardia para llamar a sus compañeros, un momento que Karreg no dudo en aprovechar, consiguió que una de las baldosas se despegará de la acera y se precipitaba a golpear la cabeza dejando inconsciente al agente.

Entonces empezó a huir por el estrecho callejón, mientras huía, oía los disparos de los dos compañeros del policía que intentaba alcanzarlo. Paul, en pánico y con genuina preocupación por su vida, le preguntó:

—¿Y ahora qué?

Karreg corría por los callejones en zigzag mientras huía de la persecución, aprovechaba cada esquina para dar un giro, y otro hasta que Paul no podía saber dónde estaban, más veía como se navegaba por los callejones, más tenía la incómoda sensación que estaban volviendo al punto de inicio, pero nunca llegaron a la tienda de ropa que había robado Karreg.

En un momento, Karreg se detuvo:

—Bien, ya no podrán seguirnos. —Comentó mientras estaba recuperando aire. Mientras tanto, Paul intentó reconocer donde estaba y parecía ser la ciudad, salvo que algo no cuadraba, no reconocía el lugar y los muros parecían ser más viejos que los que recordaba, estos parecían ya haber perdido la mayoría de su pintura desde hacía tiempo.

—¿Dónde estamos? —preguntó Paul.

—Te presento una de mis más viejas creaciones, al principio era un pequeño laberinto que se creaba cuando caminábamos en el sentido correcto, pero parece que evolucionó con el tiempo hasta tomar su forma actual…

Karreg hubiera seguido explicando a Paul sobre el laberinto, pero de repente sintieron un goteo que les paralizó. Al mirar su abdomen vieron como de un pequeño agujero emanaba sangre.

—¡Nos tocaron! —Gritó Paul espantado.

Karreg un poco más tranquilo, se tapó la herida y explico:

—Tendremos que curar cuando llegaremos al final del laberinto, verás detrás de esto habrá un paraíso anómalo en el cual ningún humano consiguió llegar, bueno hasta ahora.

—¿En serio estás para bromas? —Respondió Paul en sudor.

Sientas andaban entre los sinuosos corredores, la ciudad poco a poco tomaba rasgos más ancianos, pronto los muros se estrecharon aún más haciendo que el cielo sea cada vez más difícil de ver detrás de los altos techos de la ciudad, poco a poco se iba todo oscureciendo a cada paso que daban hasta que las paredes se volvieran de piedras y los edificios se unieran formando una bóveda sobre ellos, la cual no tardó en tomar la forma del techo de un túnel, los pasillos se volvían aún más oscuros y sinuosos de lo que ya estaban.

Finalmente, un último pasillo les llevó a una zona iluminada por antorchas, un espacio más abierto.

—Ya llegamos Paul. Lo ves, no hubo problema, no te preocupes, verás que aquí está bastante animado…

—Joder Karreg, ¿cómo puedes estar tan tranquilo?, me estoy desangrando monstruo. —Intento responderle Paul mientras intentaba mantener la hemorragia cerrada de la mejor manera que podía.

Pero Karreg ya no lo escuchaba, la ciudad anómala llena de vida y maravillas que se había esperado encontrar al llegar no estaba, lo que debería haber sido un refugio para los seres anómalos, había desaparecido desde hacía mucho tiempo, reemplazado por una ciudad fantasma.

La luz y las maravillas que brindaban sus habitantes habían desaparecido desde hacía tiempo, ahora las calles eran oscuras, raramente iluminadas por unos escasos rayos de luz, los edificios de piedras que había construido desde los inicios de la ciudadela, desolados y desnudos de la vida que antaño brindaban el alma de la ciudad.

La caída en desgracia en la ciudad era clara, después de 6000 años, esta había sido olvidada y condenada a desaparecer. Karreg estaba triste por lo que se había convertido su maravillosa ciudad, ahora que todo estaba muerto.

Mientras caminaba en la ciudad desolada, Karreg solo pudo expresar una enorme tristeza, por un trabajo que le había dado tanto cariño que acabó desapareciendo, en ese momento Paul volvió a manifestarse:

—¡Karreg, me estoy muriendo, necesitamos curarnos y descansar!

Karreg sintió un inmenso dolor, recordó la bala en su abdomen y recordó que tenía que encontrar una manera para curarse si no quería desaparecer, al igual que sus creaciones. ¿Pero eso era algo tan malo después de todo?

En ese momento oyó unas voces, provenían del centro de la ciudad. “¿Será posible?” Finalmente después de todo la ciudad no había muerto. Karreg se acercó lo más rápido que pudo con el dolor de la bala en su abdomen para finalmente llegar al centro de la ciudad.

Lo que vio lo entristeció aún más.

De toda la vida que quedaba en el refugio anómalo, solo quedaba apenas un puñado de sus habitantes, la mayoría ni originarios de esta. Todos apenas reunidos en una pequeña fogata, estos parecían sentirse y desesperados.

Cuando Karreg llegó lo primero que noto fue el terror en sus caras, viendo su apariencia humana.

—¡Después de tanto tiempo parece que descubrieron el camino! —Exclamó una de las criaturas, la cual parecía un ciempiés.

Todos intentaron incorporarse para estar listos a enfrentarse al extrangero que acababa de llegar. Se posicionaron listos para defender su hogar lo mejor que podían, incluso si fuera la última vez.

—No… No hace falta luchar. —Comentó Karreg levantando la mano que no sostenía su herida en señal de paz. El dolor lo retorcía y Paul estaba cada vez más cansado, pero no podía distraerse, primero tenía que convencer a los otros seres que no era una amenaza si no quería acabar perdiéndolo.

—¡¿QUÉ HACES AQUÍ SI NO VIENES A ACABAR CON NOSOTROS?! —Gritó una mujer con aspecto humanoide que Karreg solo pudo identificar como una híbrida entre humana y hada, la cual apuntaba a Karreg con un arco.

Al acabar su pregunta, el híbrido le disparó, lo que Karreg por puro reflejo provocó que una parte del suelo se elevo para bloquear la flecha.

—¡Yo soy Karreg! —Exclamó sin usar la voz de Paul, si quería demostrar que era lo que afirmaba ser debía enseñarlo.

Todos los seres anómalos se callaron, y quedaron inmóviles sin saber cómo actuar.

En ese momento Paul, que ya no aguantaba el lento desangre, para finalmente acabar desmayándose.


La lluvia goteaba en las ventanas del cuarto cuando se despertó, todo estaba oscuro, pero Paul reconoció inmediatamente dónde estaba, las anchas paredes de piedras, los viejos muebles y el olor a incienso; solo podía estar en casa.

Se levantó de su cama para ver la ventana, cuando llegó miró fuera para ver el viejo árbol que había plantado hace 5 años en su jardín, con un suspiro de alivio Paul se alejó de la ventana, todo había sido una pesadilla. Paul se volvió a sentar en su cama, y miró a su alrededor, podría haber perdido todo esto.

Menudo trabajo se había metido, cada día desde que se era miembro de la Coalición Oculta su vida estaba en peligro, enfrentándose con entidades que desafiaban su pomrención. Si seguía así algún día acabaría perdiendo todo esto, pero alguien tenía que hacerlo, al fin y al cabo todo esto lo tenía porque el velo estaba mantenido y el mundo estaba estable.

En ese momento el teléfono sonó.

“¿En medio de la noche? ¿Quién será?” Pensó mientras se dirigía a recoger la llamada.

—¿Hola?

—¿Paul?

—¡Stephan! ¿Qué pasa? ¿Anne nos necesita para otra misión?

—Paul… —Le respondió la voz de Stephan temblando. Incluso con el cambio de voz en la llamada, Stephan parecía triste y cansado.

—¿Qué pasa? —Respondió Paul sorprendido.

—Vendré a salvarte Paul, solo espera. —Dijo la voz de Stephan con una profunda tristeza antes de que el teléfono se cortara.

Paul no supo qué pensar de la llamada, pero en ese momento su teléfono se transformó en agua, atónito vio como este se derramaba de su mano para ver que luego su mesilla también se transformaba en agua, y luego su cama, poco a poco todo se convirtió en agua, para que finalmente sea el suelo que se convirtiera en agua. Paul en pánico intentó salir de esta, pero el líquido no lo dejaba escapar, intentó debatirse con todas sus fuerzas, pero nada funcionó, estaba condenado a ahogarse.

Intentó respirar hasta que finalmente consiguió sacar las fuerzas para abrir sus pulmones.

¿Estás bien? —preguntó Karreg.

Paul miró a su alrededor, estaba en una habitación desolada que estaba alumbrada a la luz de la vela con una arquitectura extraña e irreconocible, la cual se parecía mezclar sé con las formas geológicas. Seguía dentro de la ciudad anómala.

Finalmente, eso había sido una pesadilla, con un suspiro de tristeza se siguió mirando a su alrededor, primero miró su herida, estaba curada, el agujero de bala había sido sellado. Siguió mirando a su alrededor y poco a poco noto que esto se parecía a una sala de operaciones, había mesas con cuchillos, escalpelo, sierras e incluso algún símbolo taumatúrgico que estaba pintado sobre una tela de papel.

Siguió mirando, tubos de destilación, frascos con sustancias químicas y criaturas estaban sobre las estanterías, mientras más miraba más le extrañaba y desconcertaba lo que veía, entonces decidió mirar a su izquierda y acabó topándose de narices con un ciempiés gigante, intentó saltar hacia atrás, pero no pudo, Karreg volvía a controlarlo.

“No te preocupes” le inyectó Karreg en sus pensamientos “te presento a Tupy, el que te salvó de tu herida”. Al mirar el ciempiés, Paul no pudo sentir más que asco y repulsión, la criatura a pesar de parecerse a un insecto, este no llevaba exoesqueleto aparte de su espalda que llevaba un espeso caparazón y su cabeza que seguía pareciendo a la de un ciempie, el resto de su cuerpo llevaba una piel de color banquesino. Sus patas habían sido reemplazadas por manos y pies humanos.

“¿Qué es ese monstruo?” Preguntó Paul asqueado a Karreg.

“Vamos, no lo mires así, que fue él que te salvó la vida.” Le respondió Karreg.

—Muchas gracias por todo Tupy, espero que te lo pueda agradecer en algún momento. —añadió Karreg antes de tomar su camino a la salida de la casa.

—No hay de qué. —Le respondió el ciempiés. —Entre atrapados podemos hacernos bien ese favor.

Al salir de la casa de Tupy, Paul le preguntó a Karreg:

—¿Por qué yo?

—¿Por qué tú? No entiendo lo que quieres decir.

—¿Por qué me elegiste a mí para parecerte a un humano?

Al oír esa pregunta Karreg permaneció callado por un momento sin saber que realmente responderle, después de unos segundos sin saber qué decirle, finalmente decidió darle una explicación:

—No te elegí exactamente, digamos que simplemente estabas en el momento y en el lugar equivocado. Digamos que necesitaba un cuerpo y acabaste estando donde yo necesitaba…

—No me refiero a eso, ¿por qué haberte molestado en hacernos una trampa?

Karreg tardó un poco en responder a esa pregunta.

—Prefería que la persona fuera alguien responsable del dolor que me provocaba ver al mundo así. Si hubiera usado humanos que no participaron en hacer el mundo como es ahora. Hubiera sido bajarse al nivel de ustedes.

“¿Cómo que la muerte de inocentes?” Se preguntó Paul, sorprendido, la Coalición tenía como objetivo proteger a la población, la declaración de Karreg le parecía absurda.

—Mira —le respondió Karreg señalando a su alrededor.

Las anomalías que se encontraban en el centro de la ciudad parecían estar todas en un mal estado, habiendo algunas que no parecían haber podido alimentarse desde hacía bastante tiempo. Los ojos de Karreg se posaron sobre una cría de naga que estaba jugando con un zapato, seguramente que habían recuperado de fuera. Mientras se paseaban, Paul no pudo dejar de notar que todas las criaturas anómalas no paraban de mirarlo con un sentimiento de odio e impotencia que le dolía solo sintiendo sus ojos posarse sobre él.

—Si están aquí debe ser porque son un peligro. —Siguió negando Paul. —Si no deberían de estar viviendo en el nexo, no que está cerca de aquí.

—¡UN NEXO! —Grito Karreg haciendo que todos los seres anómalos se asustarán. “¡¿Me estás diciendo que ni siquiera las anomalías que protegéis tienen el derecho de vivir donde quieran?!” Prosiguió mentalmente, pero aún enfurecido.

En ese momento Paul se sintió aterrado por la reacción de Karreg. Durante unos minutos Karreg se mantuvo en absoluto silencio, Paul no sabía qué decirle, estaba paralizado del terror recordando como esa piedra había arrasado con su equipo en unos pocos momentos.
La tensión se mantuvo durante un cierto tiempo hasta que de repente una de las criaturas se acercaron:

Era un ser enorme de 10 metros como mínimo que se mantenía de pie delante de ellos, el cual se agachó para intentar hablar con una voz grave y profunda que recordaba al chirrido de troncos.

—Disculpa, yo soy Genad el jefe de esta ciudad, y quiero disculparme por nuestro comportamiento, digamos que como te podrás imaginar no estamos acostumbrados a las visitas y aún menos de alguien como el Gran Constructor y nuestro mayor miedo es ver un humano aparecer en nuestra ciudad. No se enfade si muchos de nosotros le mira con desconcierto, simplemente no estamos acostumbrados.

—No pasa nada —Respondió Karreg un poco incómodo. — También me disculpó por el miedo que les puede provocar.

—Por cierto, alguien también tiene que disculparse —Continuó el gigante sacando de su espalda al híbrido de humana y hada.

—¡Suéltame! ¡Puedo caminar, sabes!—Gritó la híbrido mientras intentaba debatirse para sacarse de las manos del gigante.

Entonces Genad la depositó suavemente en el suelo.

—Ya era tiempo. —Comentó la híbrido enfadada.

—¿No te vas a disculpar Bell? —Le pregunto Genad sarcásticamente.

—Lo siento por haberte disparado. —dijo Bell molesta y arrepentida por lo que había hecho. —Me asusté cuando vi un humano aquí.

—¡Perfecto! —Concluyó Genad. —Ahora que ese problema se solucionó, podemos hablar de nuestra liberación.

“¿Liberación?” Repitió Paul desconcertado.

—Sí, ahora estamos listos para preparar nuestra liberación. —Respondió Karreg a Genad ignorando a Paul.

“¿De qué están hablando?” Preguntó Paul cada vez más preocupado. Lo cual Karreg le ignoró de nuevo.

El pequeño grupo llegó a una puerta que estaba estrujada entre dos casas.

—Aquí estamos. —dijo Genad mientras abría la puerta.

Bajaron una sinuosa y estrecha escalera hasta llegar a lo que Paul solamente podía describir como un sótano, todo era muy pequeño, incluso con objetos miniatura, parecían que solo seres del tamaño de insectos podían manipularlos, la habitación estaba llena de agujeros en las paredes que servían como estanterías, en estos se encontraban mapas de la ciudad, e instrumentos de medida junto a otros objetos humanos.

“Vale, ¡¿qué hacemos aquí?!” Preguntó Paul exasperado de los intentos de Karreg por ignorarlo.

“Voy a ayudarlos a recuperar su libertad.” Respondió finalmente Karreg.

“¡¿QUÉ?!” Respondió Paul perplejo. “¿Sabes lo que provocaras si les ayudas?, son un peligro.”

—¿Qué sabemos de afuera? —preguntó Karreg a Bell y Genad.

“Me escuchas, me atacaron.” Continuó Paul.

“Que yo recuerde fueron humanos los que te hirieron.”

“¡Cuando los atacastes!” Respondió Paul enfadado, lo que Karreg solo ignoró.
—Por desgracia, todas las entradas a nuestra ciudad son guardadas por humanos que están dispuestos a todo para asegurarse que nunca salgamos. Estamos encerrados desde adentro. —Explicó Genad.

—¿Guardadas? —preguntó sorprendido Karreg. —Cuando entré no vi a nadie guardando la entrada.

—Los responsables saben esconderse bien. —Respondió Bell con amargor. —Ven, aquí está nuestro enemigo. —Continuó diciendo, dirigiéndose a una puerta que se encontraba al fondo de la habitación.

Llegando al interior de esta, Karreg vio un montículo de sal sobre el cual yacía acostado el cuerpo de un policía momificado. Acercándose Karreg miro lo que tenía, estaba desarmado, pero mirando su insignia noto algo extraño, le dio la vuelta para encontrarse que detrás de esta había otra insignia.

—¿SCP? —Leyó Karreg. “¿Qué significa esto?”, se preguntó.

“Ho, ¿serán ellos los que están en control?”

“¿A qué te refieres Paul?”, preguntó Karreg sorprendido. “¿No solo erais ustedes en lo de matar y capturarnos?”

“¿Qué? ¡No! Ellos solo buscan satisfacer su curiosidad encerrando anomalías. No tienen escrúpulos en sacrificar vidas humanas si eso les beneficia. ¡No tenemos nada en común!” Contestó Paul enojado por la suposición de Karreg.

Karreg, entre divertido y sorprendido por la reacción de Paul, decidió buscar el resto del cuerpo para finalmente toparse con otro objeto, una pequeña caja en el bolsillo del agente.

—¿Qué es esto? —preguntó a Bell y Genad.

Genad se acercó al pequeño objeto perplejo. —No lo sé…

—Es un teléfono. —Respondió Bell. —Es usado por los humanos para comunicarse a grandes distancias.

—Ho, vale, entonces cómo es que sirve, ¿escribes algo con los botones y luego alguien lleva el mensaje hasta el destinatario? —Pregunto Genad.

—No, lo puedes usar para hablar en directo con la persona que quieras.

“¿En directo?” Pensó Karreg sorprendido, si Bell decía lo correcto, eso significaba que los humanos habían avanzado mucho más de lo que se había imaginado. Ese objeto podría ser incluso más peligroso que un arma si se usaba correctamente.

—¿Entonces qué hacemos? —preguntó Genad disipando a Karreg de sus pensamientos.

Los tres volvieron a la habitación de los mapa. Ahí Karreg enseñó un punto en el centro de la ciudad:

—Todas nuestras salidas están dentro de la ciudad, si salimos sería imposible no ser interceptados. Lo mejor que podemos hacer es luchar y recuperar la ciudad de arriba. Sé que con los pocos que somos no podemos hacer nada, pero siempre puedo construir un ejército de mis guerreros de piedra. Será un mes largo antes que podamos acabar los preparativos y me informe al completo de la situación de arriba, pero…

“¡Espera Karreg! Esta no es la única opción.” Interrumpió Paul con angustia, si atacaban arriba definitivamente romperían el velo y todos los habitantes estarían en peligro.

“¿Otra opción?” Preguntó Karreg perplejo.

Paul tenía que venir con algo o si no todo estaría perdido, su misión de proteger a los demás fracasaría. No podía hacer mucho para detener las acciones de Karreg, pero incluso así podía siempre intentar convencerlo.

“El mundo cambió mucho desde la última vez que estuviste aquí, ¿cierto?”

“Claro que cambió, pero ¿qué me propones?”

“Si te comprometes a perdonar la vida de los humanos, te daré el conocimiento para vivir entre nosotros.”

“¿Vivir entre vosotros? ¿Y qué cambia eso? Tarde o temprano lo descubriré.”

“¡No! Cuando lo hagas será demasiado tarde, la Coalición o La Fundación verán detrás de tu disfraz y serás descubierto. Si me prometes no herir a nadie cuando salgan de aquí te ayudaré en lo que necesites. ¿No quieres muertes innecesarias cierto? ¡Pues demuéstralo!”

Karreg se quedó en silencio, divertido por los intentos de Paul.

“Vale. Si quieres que evite hacer daño a los tuyos, pues así será. A cambio de eso me pagarás con conocimiento sobre el nuevo mundo.”


Habían pasado tres días preparando un plan para salir todos, pero finalmente los preparativos estaban acabados. Ahora lo único que les quedaba era hacer una distracción para salir al exterior y luego iban a salir de la ciudad por el alcantarillado hasta llegar al nexo más cercano.

Mientras revisaban los preparativos, Genad se acercó para anunciar:

—No voy a poder ir con vosotros.

Muchas de las anomalías se sorprendieron y empezaron a murmurar lo que Genad añadió:

—Viví la mayor parte de mi vida en esta ciudad, y no creo que seré capaz de aguantar lo que pasó ahí afuera.

Entonces se acercó a Karreg y dijo:

—Yo seré el que hará la distracción. Ustedes asegúrense de irse antes que se den cuenta de lo que está pasando. Solo espero que algún día pueda caminar fuera de la ciudad sin temer por mi vida.

Todos se despidieron de Genad antes de tomar el camino hacia la salida. Mientras esperaban la señal, Karreg decidió construirse una máscara y un caparazón para enserar el cuerpo de Paul.

“¿Qué es eso?”, preguntó Paul.

“La base de un disfraz es que no te reconozcan cuando lo llevas puesto.” Le respondió Karreg. “Si no, no me sirve como disfraz.”

Todos estaban delante de la entrada de la entrada de la ciudad enterada, esperando que la señal llegará. En ese momento una rata llegó hacia ellos para subirse a la espalda de Bell. Después de atraparla, Bell anuncio:

—Ya se fueron.

Entonces empezaron todos a entrar por el camino en el más absoluto silencio. Cuando salieron del laberinto, todos miraron a su alrededor preocupados, pero nadie estaba ahí, se acercaron a la alcantarilla más cercana para empezar el proceso para destaparla, mientras los otros vigilan los alrededores y cubrían su posición con antimemes para evitar el desafortunado encuentro con algún humano. Finalmente, consiguieron abrir la alcantarilla y uno por uno entraron. Pero antes de entrar, Tupy miró a la entrada de la ciudad secreta.

—¿Qué pasa Tupy? —preguntó Bell.

—Nada, solo quería despedirme de este lugar que llamé hogar. —Dijo mientras recuperaba sus sacos de instrumentos y se adentró al alcantarillado.

Todos consiguieron entrar dentro de las alcantarillas sin problema, el espacio era estrecho, lo que hizo que todos estaban apretados, pero al momento que el último entró dentro del alcantarillado este fue cerrado.

—¡Bien! —Exclamó Karreg justo antes de recoger un mapa de la ciudad, miro a su alrededor hasta encontrarse una placa de metal en uno de los lados, la miro más de cerca para asegurarse que la calle estaba bien puesta. Con una risa de esperanza, Karreg volvió a mirar el mapa para finalmente decir. —¡Ya podemos iniciar el viaje!

Todas las anomalías entonces empezaron a seguir a Karreg mientras avanzaban por el borde del alcantarillado. Este era estrecho teniendo un lado el cual pasaba el agua y otro que estaba formado por una pared en arco que empujaba hacia el borde del agua forzando que el camino sea lento. Además de eso, los olores eran insoportables, lo que forzaba al grupo a intentar avanzar lo más rápido que podían evitando caerse.

La nula luz del túnel era poco a poco alejada gracias a unos hongos bioluminiscentes que habían criado un grupo de duendes y posteriormente alterado con medios anomalos. El alcantarillado tendía a partirse en muchas sesiones, las cuales debían asegurarse de no equivocarse de camino, pero poco a poco estaban consiguiendo acercarse de la salida.

De repente un rayo de luz apareció detrás de ellos, parecía acercarse, todos entraron en pánico, pero Bell y Karreg consiguieron calmar a todos evitando que nadie hiciera un ruido. Minimizaron las setas y se escondieron, los más pequeños se subieron a algunos tubos que se sostenían en la pared, pero la mayoría tuvieron que sumergirse dentro de las aguas nauseabundas, escondieron las setas y sacaron los antimemes.

—¡Juraría haber visto algo! —Exclamó la voz de un hombre.

—No deben estar lejos. —Le respondió otra voz.

Las dos figuras se alejaron, entonces todos los seres aprovecharon para salir del agua.

“¿Cómo saben que nos fuimos por las alcantarillas?” “¿Alguien nos vio?” Pregunto Karreg sorprendido a Paul.

“Puede, no lo sé o si no … Si no…” En ese momento Paul sintió un escalofrío y pensó en un detalle que no había pensado: “¡Las cámaras!”.

“¿Qué?”

“Puede que nos hayan visto mediante máquinas que usan para observarnos” Respondió Paul, se sintió muy estúpido de no haber pensado en esa posibilidad, pero claramente era gracias a estas que la Fundación era capaz de actuar tan rápidamente en la zona.

Cuando todos salieron de sus escondites volvieron a entramar el camino lo más discretos que podían, esta vez sacaron menos setas bioluminiscentes, y fueron más precavidos, evitando ser vistos con el temor que una luz aparezca al final de un túnel.

Así fue como todos avanzaron durante los últimos kilómetros por el alcantarillado, incluso así finalmente llegaron a la salida. Los duendes miraron afuera para ver si alguien los estaba esperando, pero nada, no había ningún humano afuera.

Lejos de las miradas de todos, el grupo anómalo salió de las alcantarillas para esconderse rápidamente en el bosque, todos estaban asustados, mientras era de día existía un enorme riesgo que fueran vistos.

Pero finalmente llegaron a un dolmen, ahí Karreg susurro unas palabras a las piedras que lo conformaban, lo que hizo que se abriera dejando a la vista un pasadizo. Todos se adentraron dentro, bajaron las escaleras irregulares para finalmente encontrarse con el interior. A la desesperación de Karreg también este estaba deshabitado, pero por lo menos estas habitaciones cavernosas les servirán para mantenerse en seguridad por el día.

—Aquí descansaremos. —Anuncio Karreg. —Cuando anochezca seguiremos el viaje.

Así pasaron las próximas 10 noches, caminando de un dolmen a otro, esta vez sin usar ninguna luz, era demasiado peligroso que alguien les viera, además que gracias a la luz de la luna podrían perfectamente ver en la noche, pero finalmente llegaron a su última etapa.

Al llegar cerca del nexo, notaron que la zona volvía a estar protegida, una valla rodeaba la zona la cual estaba acompañada de varios guardias.

—¿Qué hacemos ahora? —Pregunto Tupy. Junto a esa pregunta, una parte del grupo empezó a murmurar inquieto.

—No te preocupes. —Respondió Karreg. Siempre podía hacer una brecha en algún lugar de la zona de control, pero si haría eso solo demostraría a Paul que solo era un peligro para los humanos. —Encontraremos una forma de pasar.

De nuevo en el escondite del último dolmen, Karreg y las otras anomalías estaban ideando un plan para entrar en el nexo.

—¿Y si hacemos un túnel hasta salir del otro lado?

—Nos tomaría demasiado tiempo. —Respondió Karreg, la zona estaba demasiado protegida para que no lo notarán.

—Karreg… —Comentó Bell bajando entrando al escondite.

—¿Qué pasa Bell?, ¿algo nuevo?

—Hay humanos que están cerca.

Karreg salió con Bell y unas pocas anomalías para ver lo que estaba pasando.

Afuera había una vieja casa abandonada, la cual no estaba muy lejos de la entrada del nexo, alrededor de la casa había un grupo de hombres que estaban descargando cajas de mercancías. A tales horas de la noche, los hombres parecían bastante inquietos, vigilando los alrededores, además de que la casa estaba abandonada.

“Contrabandistas” pensaron todos mientras los observaban. Por ahora parecía que no les habían notado, pero sabían que esta podía ser su oportunidad de entrar al nexo. Incluso así, a Karreg no le gustaba la idea, no podía confiar en contrabandistas, tendían a ser personas las cuales estaban motivadas por el dinero y su ambición por el poder.

Al momento en el cual estaba listo para volver y discutir sobre la mejor opción junto a todos, pero antes que pudiera decir nada, vio que Bell se acercaba hacia la casa. Intentó retenerla, para evitar que haga nada estupido, pero ya era demasiado tarde.

—¿QUIÉN ANDA AHÍ? —Gritó uno de los contrabandistas apuntando con una pistola a Bell.

En ese momento el resto de los contrabandistas también se acercaron.

—Venimos para pedir…

En ese momento, Karreg se puso entre Bell y los contrabandistas.

“¡Déjame que yo sea el que hable con ellos!” Exclamó Paul.

“¿Qué?” Replicó Karreg sorprendido.

“Estaría más seguro si no provocan ningún daño” Paul respondió. ¿“Sabes en qué peligro nos pondremos si esto falla?”

“Vale” Cedió Karreg, “Tú negociarás”.

“¿En serio?”

“Si”

Entonces, Paul volvió a sentir, como su cuerpo volvía a él, por fin podía sentir cómo volvía a controlar sus manos. Pero incluso así sabía que no estaba libre de la influencia de la piedra, seguía siendo Karreg que lo dejaba moverse y si no hacía lo que quería, podía retomar el control.

—¿Entonces qué hacen aquí? —preguntó el líder de los contrabandistas apuntando a Paul con el arma.

Paul tomó una inspiración y respondió:

—Venimos a comprar los pasajes para pasar al otro lado.

—¡Esto no es una estación! —Respondió el contrabandista. —Quítate tu máscara para que te podamos ver la cara.

Paul empezó el proceso a sacarse la máscara de piedras que le cubría el rostro. “No” le respondió Karreg.

—Lo siento, pero no voy a desenmascarar. —Dijo Paul con precaución. —He venido aquí para comprar los pasajes para entrar al nexo y no para ser humillado.

Los contrabandistas se callaron y reflexionaron por un momento, para finalmente responder:

—Saben guardar secretos, y eso nos gusta. —Explicó el jefe. —Pero, ¿tienen el dinero necesario para poder comparar el viaje?

Paul se quedó pensativo “¿Tenían siquiera dinero?”, los viajes como estos eran extremadamente caros y generalmente acababan de forma nefasta para los pasajeros, lo más probable era que incluso si entraban en el nexo sus problemas nunca acabarían.

“¿Qué pasa Paul?” Preguntó Karreg. “Sabes, seguro que encontraremos una solución, pero por ahora lo importante es entrar.”

Paul le iba a responder a Karreg, pero en ese momento Bell respondió a los contrabandistas.

—Compraremos los billetes, el dinero no es un problema.

En ese momento una sonrisa se dibujó sobre la cara del jefe contrabandista.

No tardaron mucho en llegar el resto de los seres anómalos, los más grandes se juntaron junto a Karreg y Bell, y fueron guiados a un carruaje, mientras los más pequeños y discretos usaron efectos antimeméticos para acercarse sin ser vistos.

Al llegar a los carruajes, los contrabandistas les ayudaron a sentarse en estos, mientras les daban unas vendas.

—Tápense los ojos. —Dijeron, a lo que las anomalías obedecieron.

Al momento que los carros empezaron a caminar, Karreg noto algo raro, podía ver incluso sin las vendas que tapaban los ojos de Paul, eso siempre lo pudo hacer, pero ahora los carros estaban saliendo de la casa, en vez de adentrarse en el túnel dentro de esta.

—Este no es el camino. —Constató Karreg. Lo que provocó que las anomalías, las cuales estaban escondidas por los efectos antimeméticos empezaran a murmurar.

—¿Qué? —Respondió el jefe mirando a su alrededor sorprendido.

—Por favor, solo lleven nos dentro del nexo y se las dejaremos pasar por esta vez.

Los contrabandistas volvieron a entrar en la casa y pasaron por el túnel. Al llegar al final todos pudieron quitarse la vendas y salir fuera. Cuando las anomalías salieron, los contrabandistas ni siquiera intentaron detenerlos, inquietos de una retaliación por parte de las anomalías.

“¡Lo conseguimos!” Exclamó Karreg a Paul. “Tengo que admitirte algo, me sorprendiste, pero ves que podemos encontrar un entendimiento. Llegamos sin herir a nadie, lo ves, podemos cohabitar con los humanos”

“Sigo siendo tu rehén.” Respondió Paul secamente a Karreg.

“No estés malhumorado.” Contestó Karreg. “¡Conseguimos llegar a salvo! Y esto es un logro”.

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